Tras intensos trabajos de restauración llevados a cabo por la Superintendencia Especial de Roma del Ministerio de Cultura, la antiquísima Basílica de Santa Balbina ha vuelto a estar al servicio de la celebración litúrgica y de los visitantes.
Las intervenciones que permitieron restablecer la funcionalidad del edificio sagrado comenzaron en 2024 y concluyeron a finales de este Año Jubilar, afectando principalmente a la cubierta del edificio tras el colapso de un puntal de una cercha.
La Basílica de Santa Balbina, que desde el siglo XVI, bajo el pontificado de Pío IV, es una de las iglesias filiales del Capítulo de San Pedro en el Vaticano, se alza en la vertiente noreste del Aventino, la colina situada entre el Circo Máximo y las Termas de Caracalla. Fue edificada sobre los cimientos de la casa de Lucio Fabio Cilón, cónsul de Roma en el año 202 y posteriormente Praefectus Urbis al año siguiente, durante el reinado del emperador Septimio Severo. En tiempos de Urbano V (siglo XIV), se anexó a la iglesia un monasterio dedicado a los santos Salvador y Balbina, complejo que a mediados del siglo XIX se destinó a la acogida y formación cristiana de mujeres dedicadas anteriormente a la prostitución y posteriormente arrepentidas.
El acontecimiento, de notable relevancia artística y religiosa, fue celebrado con una ceremonia que se abrió con el saludo introductorio de Mons. Calogero La Piana, Vicario del Arcipreste de la Basílica Papal de San Pedro en el Vaticano. A continuación intervinieron Daniela Porro, Superintendente Especial de Roma, y Mons. Daniele Libanori, Rector de la Basílica de Santa Balbina. La Santa Misa celebrada por S.E.R. el Cardenal Mauro Gambetti, Arcipreste de la Basílica Papal de San Pedro y Vicario General de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano, selló un momento de gran significado para la ciudad y para los fieles.