Mañana, sábado 17 de enero de 2026, se celebra la fiesta de San Antonio Abad, una tradición muy sentida también en el Vaticano y que desde hace unos dieciocho años tiene lugar entre la Plaza de San Pedro y la Plaza Pío XII, convirtiéndose en una cita esperada por peregrinos, visitantes y familias.
El centro de la celebración será ante todo litúrgico. A las 11:00 horas, se celebrará la Santa Misa en la Basílica de San Pedro para peregrinos, visitantes y fieles, en el día en que la memoria de San Antonio Abad invita a redescubrir una relación auténtica y responsable con la creación.
Solo al finalizar la celebración eucarística, la atención se trasladará al exterior de la Basílica. En la Plaza Pío XII se instalará una establo al aire libre, con animales de granja y domésticos procedentes de diversas asociaciones de agricultores. Vacas, burros, caballos, ovejas, gallinas, así como perros y gatos, ofrecerán una imagen concreta del vínculo entre el ser humano, la naturaleza y la creación.
Aquí tendrá lugar la bendición de los animales, que será impartida por S. E. R. Mauro Gambetti, Arcipreste de la Basílica de San Pedro. Un gesto sencillo pero cargado de significado, que recuerda el deber de cuidado, respeto y protección de toda forma de vida.

El mensaje de la celebración se articula en varios niveles: por un lado, la atención al respeto por los animales y la naturaleza; por otro, la puesta en valor del trabajo rural, de la agricultura y de los ganaderos, custodios cotidianos de un equilibrio frágil pero esencial.
La fiesta de San Antonio Abad evoca también una profunda dimensión bíblica. Los animales recorren la historia de la salvación como signos del mensaje de Dios: desde la paloma de Noé, símbolo de paz y alianza, hasta el sacrificio del cordero con Abraham; desde el cuervo que alimenta al profeta Elías, hasta el buey y el asno de Belén, silenciosos testigos de la Encarnación.
Desde esta perspectiva, la bendición se convierte en una invitación a reconocer a Dios como custodio de toda la creación, Aquel que bendice a todas las criaturas, grandes y pequeñas, y confía al ser humano la responsabilidad de cuidarlas con respeto, atención y gratitud.
Una tradición popular que, desde la Plaza de San Pedro, sigue hablando al presente.